“El aficionado es el que más sufre…”

OJO: Yo no tengo nada en contra de nadie, y quizá no haya sido la mejor forma de inspirarme en este post. Sólo es un punto de vista.

Todo me surgió del día después del festejo.

Pasó de todo. Mis mejores amigos me acompañaban a el festejo para ver la caravana donde pasaría el equipo mostrando la Copa del Ascenso.

Nos tocó el atascón justo afuera del Banamex porque comenzó a avanzar la caravana y a correr por Lopez Mateos para poder alcanzar el camión, que no se si en verdad iba rápido o de plano de la emoción se me hizo un instante. Un par de fotos y unos gritos a Matosas agradeciendole. Quitarme la playera de inmediato para agitarla a falta de bandera y a besar el escudo que llevo en el brazo. No más.

A correr al carro y por toda la Calzada para llegar al centro a ver que es lo que van a hacer, suponia la presentación de cada uno de los jugadores y algún festejo.

Corriendo llego al final del mar de gente justo donde esta “Chispas” y apenas si alcanzo a ver a Nacho y a Nieves creo, levantar la Copa. Entro entre la multitud para tratar de acercarme un poco más a mis idolos y es casi imposible. Llego hasta donde esta la murga que va a comenzar a tocar y los ídolos se meten.

El concierto de la murga, con la mejor voz que podía tener: la de esta afición. “…señores ya son diez años y arriba estamos, ahora somos más borrachos y marihuanos!”

Mis amigos que no tienen la menor idea de lo que es estar en el Estadio, mucho menos metidos en la barra, siente de golpe la sensación del brincoteo, de la marea humana que se encarga de hacerte brincar si tu no quieres. Ven mi emoción a cada cambio de canción y de como trato de acabarme la gargante en cada grito que se supone es canto. Sonreímos todos juntos.

Yo disfruto el compartir eso con mis amigos. Con la gente que llevo en el corazón aunque no comparta esta pasión conmigo.

Y de repente me llega esa sensación de asfixia.

Como cuando estás llegando a la playa, en tu camión con aire acondicionado helado, te bajas con chamarra, cobija, desmañanado… y rajales! Te recibe el calor de la playa y sientes que no puedes respirar.

Recordé todo lo que fue. No sólo para mi, para todos y cada uno de los aficionados del Glorioso Club León.

Cada uno empezó a diferente época, en diferente lugar, bajo diferentes circunstancias y bajo diferentes motivos. Pero todos estabamos ahi, ese 12 de Mayo de 2012 con la misma idea en la cabeza.

El León iba a ascender.

Y a lo que iba, o a lo que voy con el título de mi post.

Algo que siempre ha caracterizado al aficionado Leonés es esa sensación de propiedad del equipo. Aqui no consideramos que el equipo es propiedad de una empresa, de un empresario, de un consorcio, de un dueño. El dueño es la ciudad, la afición y no permitimos que nada ni nadie dañe lo que tenemos.

Nuestra historia, nuestra identidad, nuestras glorias que pocos vivimos pero muchos sabemos ostentar. Los nombres aprendidos de padres y abuelos y las anecdotas que ellos vivieron.

Somos una afición chapada a la antigua, en los tiempos de caballeros, del futbol artesanal.

Algo que comentar y no es con intención de ofender a nadie, en concreto, a Faisy, (que sin duda algo que presume en todos lados es ser aficionado al León) que fue lo que publiqué en Tw y que fue lo que me dió pie a sacar toda esta historia…

Vi el camión de la victoria y vi al Faisy ahi arriba… y mi punto de vista fue que no debía de ir en ese camión. No vi bien quienes más iban y quizá no debería referirme en concreto a él. El punto era que esa era el camión de los campeones, de los jugadores que se habían partido el alma en dos con tal de dar la vuelta en esta serie y devolvernos a Primera.

Los aficionados, todos, también teníamos nuestro lugar. Ese era abajo de ese camion contemplando la Copa sin tocarla y a lo lejitos…

Y es de donde saque lo de que “El aficionado es el que más sufre…”

Viendo la final del Chelsea-Bayern. Ver la afición de Chelsea que viajó para poder ver a su equipo, que logra quedar campeón y los ven celebrar unos minutos, un par de horas, les muestran la copa y tan tan.

Para el aficionado, ese momento queda grabado para siempre, ese instante se vuelve eterno. Ese momento en que les tocó ver un poco más cerca a sus jugadores, en el caso del León a los representantes de su escudo-historia-alcurnia-jerarquia…

El aficionado, a pesar de creer que merece todo, es el que siempre se conforma con poco.

Con un saludo, con un abrazo, con una foto. Tras de la barrera de seguridad, tras de una valla, tras de una reja, tras del cristal de un auto, tras de la prisa del jugador, tras de la indiferencia del mismo.

Puede pasar diez horas formado bajo el sol o bajo la luna para conseguir un boleto.
Puede estar de pie sin comer tres horas para conseguir un autografo.
Puede viajar diez o quince horas en un camión sin ventilación por ver a su equipo más cerca.
Puede perder el trabajo por seguir a su equipo.
Puede dormir afuera de un estadio sin cobijo alguno por un boleto.
Puede resistir una lluvia para ver a su jugador preferido saludar.
Puede pelear con cualquiera por una simple playera de un jugador que para el puede ser mas preciado que cualquier cosa que pueda comprar.

Y todas esas cosas que cada uno hemos hecho o dejado de hacer por el equipo que no acabaría de escribirlas aqui…

Y también es el que tiene que regresar del mismo viaje de diez horas desconsolado tras la derrota de su equipo.
Es el que tiene que aguantar empujones, maltrato de parte de los cuerpos de seguridad.
Es el que se queda con la derrota, el que se queda con el descenso mientras el jugador se va porque “sería un retroceso en su carrera”.
Es el que tiene que aguantar si venden, si compran, si traspasan a su equipo, si le cambian el escudo, si le hacen algo de todos modos seguirá ahi.

Alguien ajeno al futbol me lo ha dicho…

“Tienes una forma muy utópica de ver al futbol. El fútbol no es así. El fútbol no es amor, es negocio.”

Quizá dije tanto que ni tenía que ver, que lo único que quería decir…

Creo que lo que dijo Matosas es lo más justo.

“Un muro donde este el nombre de todos y cada uno de los que en algún momento, dejaron algo por el equipo.”

Todos merecíamos levantar esa copa con nuestras propias manos, todos merecíamos estar en los vestidores brincando abrazados a los jugadores, todos merecíamos tener una medalla, todos merecíamos ir en el camión con los campeones…

Más no todos tenemos ese privilegio…

Algunos somos una mano en una foto, una bandera, una lagrima en el concreto del Estadio, una simple voz en medio del estremecedor ruido de la barra, un boleto en la taquilla, una estadística en decir que llenamos siempre el estadio, una playera verde en cancha ajena, algunos sólo somos aficionados que nunca pasaremos de la tribuna…

Porque ese es nuestro lugar.